Mantener el contenedor de basura junto a casa sin olores ni moscas

Ilustración de un paisaje

El cubo de basura que está junto a la casa, en el patio o en la terraza, sufre más que el de la cocina. Se calienta al sol, recibe lluvia y polvo, y guarda restos de comida durante días. Cuando llega el calor, aparecen los malos olores y con ellos las moscas. La buena noticia es que casi todo se resuelve con limpieza regular y algo de orden.

Lo primero es vaciarlo con frecuencia y no dejar que las bolsas se acumulen. Cierra siempre bien cada bolsa antes de sacarla, y si tiras restos húmedos, como carne, pescado o fruta madura, envuélvelos antes en papel o en una bolsa pequeña. Así el líquido no se filtra y el olor se queda dentro. Mantén la tapa cerrada siempre, porque un contenedor abierto es una invitación para los insectos.

Cada cierto tiempo, lava el cubo por dentro y por fuera. Vacíalo por completo, échale agua con un poco de jabón suave y frota las paredes y el fondo con un cepillo de mango largo. Aclara bien con agua limpia y déjalo secar boca abajo, a la sombra si es posible. Un cubo que se guarda húmedo vuelve a oler enseguida, así que el secado es tan importante como el lavado.

Pequeños trucos para el día a día

Coloca en el fondo una capa de papel de periódico o de cartón, que absorbe la humedad de las bolsas y evita que el líquido se acumule. Cámbialo cuando esté húmedo. Si el cubo tiene un desagüe, comprueba que no esté obstruido y que el agua pueda salir.

Sitúa el contenedor a la sombra, lejos de la pared que más calienta el sol, y a una distancia razonable de las ventanas y de la puerta. Barre alrededor del cubo y limpia cualquier derrame enseguida, porque unas gotas de zumo o de grasa bastan para atraer moscas. No hace falta ningún producto fuerte: el orden y la limpieza son la mejor prevención.

Si las moscas aparecen, revisa primero dónde está el olor. Casi siempre hay una bolsa rota, un resto olvidado o una tapa que no cierra bien. Resuelve eso, y las moscas se marcharán solas.