Los tarros de cristal son muy útiles en casa: sirven para guardar legumbres, especias, restos de comida o pequeñas provisiones. Pero cuando han contenido pepinillos, ajo, salsas o algo de olor fuerte, ese olor se queda pegado al cristal y sobre todo a la tapa. Antes de reutilizarlos, conviene quitarlo bien, porque de lo contrario pasará a lo que guardes después.
Empieza en cuanto el tarro esté vacío, sin esperar. Enjuágalo con agua templada para que los restos no se sequen, y luego lávalo con agua caliente y jabón suave, usando un cepillo de botellas para llegar al fondo y a las paredes. Aclara varias veces, porque los restos de jabón también pueden oler. Deja el tarro secar boca abajo sobre un paño limpio.
La tapa es la parte que más olor guarda, sobre todo la junta de goma o de plástico del interior. Lávala aparte, frotando bien con un cepillo pequeño alrededor de todo el borde, donde se acumulan los restos. Si la junta se puede quitar, sácala con cuidado, lávala y déjala secar por separado. Una junta gastada o agrietada que sigue oliendo es mejor cambiarla o usar otra tapa.
Si el olor persiste
Deja el tarro y la tapa abiertos al aire, a la sombra o con sol suave, durante un buen rato. El aire y la luz ayudan mucho a eliminar los olores. Puedes también llenar el tarro con agua caliente y un poco de bicarbonato, dejarlo reposar y enjuagarlo después con agua limpia. No mezcles nunca el bicarbonato con otros productos de limpieza.
Otro truco tradicional es meter un poco de papel de periódico arrugado o posos de café secos en el tarro y cerrarlo durante una noche, para que absorban el olor. Después, vacíalo bien y aclara.
Reserva los tarros que olieron fuerte para cosas que no sean delicadas, como tornillos, botones o lápices, y ten paciencia con los que han tenido especias muy intensas, porque a veces necesitan varias tandas de aire y de lavado. Los que estén más frescos, guárdalos para alimentos. Así cada tarro tiene su uso y ninguno da sorpresas.